Carmen Tur, nacida en Ibiza en el año 1944, recuerda perfectamente cómo se enteró de lo que estaba sucediendo: “Estaba en con mi hermana y, de pronto, mi marido me llamó desde su oficina para decirme que estaba produciéndose un golpe de Estado. Al principio quise pensar que estaba bromeando, pero lo noté tan nervioso que enseguida me percaté de que la cosa iba en serio”. Su hermana y ella se pusieron en lo peor y lo tuvieron claro: “Nos fuimos al supermercado de enfrente a por comida por varios días. Nuestra madre había pasado mucha hambre durante la guerra y en una isla te expones aún más a este tipo de lacras”. Carmen recuerda, además, los nervios que se vivieron esa noche en su familia: “Nos pasamos toda la noche delante de la televisión para saber en todo momento qué sucedía. Por suerte, todo acabó bien”.

23 de febrero de 1981, 18:23 de la tarde. Un hombre con indumentaria de la Guardia Civil irrumpe en el Salón de Plenos del Palacio de las Cortes, donde el Congreso de los Diputados está votando para la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo. “¡Quieto todo el mundo!” fue la carta de presentación del teniente coronel Antonio Tejero y con esas palabras se inició el secuestro del Ejecutivo y de los Diputados y Senadores del Reino, que se prolongaría hasta las 12:15 del día siguiente. Durante esas 18 horas, la ciudad de Valencia también sería ocupada por un grupo de militares dirigido por el teniente general Jaime Milans del Bosch, que proclamó el estado de excepción.

Este episodio pasaría a los libros de Historia de España como uno de los acontecimientos que marcaría la etapa de Transición y el devenir de la democracia del país. Lo que ocurrió entre esas cuatro paredes aquel día mantuvo en vilo a toda la sociedad española que, recién salida de casi cuatro décadas de dictadura, se temía lo peor. Desde sus casas, la gente encendía los televisores y los aparatos de radio, quería saber qué estaba ocurriendo dentro del Congreso, necesitaba información.

Alfonso Diez durante una entrevista para Youtube

Sin embargo, como en todo golpe de Estado, lo primero que hicieron los sublevados fue tomar los medios de comunicación; “Radio Nacional de España (RNE), en un momento dado, tuvo que dejar de retransmitir porque los golpistas mandaron una columna que paró la programación y, a punta de pistola, dieron órdenes de que se emitiera música militar”, recuerda el periodista Alfonso Diez. Este veterano de la emisora pública vivió el asalto al Congreso desde los pasillos aledaños al hemiciclo: “curiosamente, en lugar de estar en la zona de prensa estaba en la parte de fuera y el pastelón me lo encontré dentro cuando asomé la cabeza”.

A continuación conoceremos, de la mano de Diez, todos los detalles de aquella jornada laboral de los periodistas y descubriremos cómo se llevó a cabo la cobertura mediática del 23-F desde bambalinas. Pero antes, rebobinemos un poco en el tiempo para recopilar los antecedentes y los hechos que desembocaron en este golpe de Estado.
Tras la muerte del dictador Francisco Franco, en 1975, España se debatió entre seguir rigiéndose por un régimen totalitario o dar un paso adelante, cerrar ese capítulo de su historia más reciente y encaminarse hacia la democracia. De este modo, dio comienzo la época que se conoce como la Transición española, unos años no poco convulsos que sirvieron de bisagra para encarrilar la política nacional hacia la segunda opción.

En 1978 se ratificó la Constitución con el fin de establecer las bases del nuevo régimen. Adolfo Suárez sería el primero en ponerse al cargo de la presidencia del país, designado por el rey Juan Carlos I en primera instancia y a través de elecciones generales a partir de 1977. Su mandato se prolongó entre julio de 1976 y febrero de 1981, cuando un distanciamiento notable con el monarca y las presiones internas de su partido llevaron a Suárez a dimitir. En ese contexto se celebró la frustrada votación para investir a Leopoldo Calvo-Sotelo.

Adolfo Suárez durante el 23-F. Fuente: RTVE

Como hemos señalado anteriormente, la Transición fue una etapa marcada por la inestabilidad y la agitación provocadas por los problemas derivados de una crisis económica, las dificultades para reorganizar el territorio y las acciones terroristas de ETA. A ello habría que sumarle la presencia de ciertos sectores del ejército afines a Franco que se resistieron a aceptar un sistema democrático.

Los primeros síntomas de malestar en este sector aparecieron en abril de 1977, cuando se legalizó el Partido Comunista de España (PCE). Más adelante, en noviembre de 1978, se desarticuló la Operación Galaxia, el primer intento de golpe de Estado liderado por Antonio Tejero, que fue condenado a siete meses de prisión. Este episodio sería el precedente directo del 23-F.

La tentativa de 1981 fue una acción coordinada de distintas células golpistas que se encontraban activas desde el comienzo de la Transición. Madrid y Valencia fueron los puntos calientes del golpe, pero varias regiones militares de todas partes de España (Barcelona, Sevilla, Zaragoza…) se sublevaron a su vez y apoyaron el nombramiento de Milans del Bosch como presidente del Gobierno.

La negativa del Rey permitió abortar el golpe de Estado a lo largo de la madrugada del 24 de febrero, pero Tejero resistió dentro del Congreso. A las 10 de la mañana se permitió la salida de las diputadas y a las 12:15 la de los diputados que se encontraban todavía dentro del hemiciclo. El teniente coronel negoció su rendición en el “pacto del capó” (conocido así porque se firmó sobre el capó de un Land Rover), entre cuyas condiciones incluyó salir del Congreso sin ser captado por los periodistas.

Los medios de comunicación, pese a encontrarse maniatados, jugaron un papel clave en el discurrir de todos estos acontecimientos y, por ello, haremos una pequeña reconstrucción de cómo vivieron esos momentos los profesionales del gremio.

18 HORAS DE ENCIERRO E INCERTIDUMBRE

 

Tomás Martínez, nacido en Mallorca en el año 1954, estaba estudiando en Madrid cuando se produjo el golpe. Al salir de clase, fue a tomar algo con unos compañeros a un bar del centro. Para ir a su casa siempre tomaba un camino que pasaba por el Congreso y ese día no fue una excepción: “Me despedí de mis amigos y me fui a casa. No sabía nada de lo que estaba sucediendo y, cuando me acerqué a la zona, me encontré con todo el lío. Enseguida noté que algo pasaba y decidí ir rápido a casa por otro camino”.

El 23 de febrero de 1981 se presentó con unos acontecimientos fuera de lo habitual: por un lado, el Príncipe y las Infantas no fueron a clase; por otro lado, la flota del mediterráneo de Estados Unidos se situó en las costas valencianas. Todo indicaba que algo importante iba a ocurrir ese día.

El golpe de Estado no fue una acción heroica de un nostálgico del franquismo como es Tejero, sino que consistió en toda una serie de acciones coordinadas que tenían su epicentro en Madrid. A las 18:00 del 23 de febrero de 1981 se abrió la segunda votación nominal para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, que tras la dimisión de Adolfo Suárez se postuló como el principal candidato para ocupar el puesto de presidente del Gobierno. Todo se desarrolló con normalidad hasta que a las 18:23, cuando iba a votar el diputado socialista Manuel Núñez Encabo, irrumpió en la sala un grupo de guardias civiles comandado por Antonio Tejero al grito de “¡Quieto todo el mundo!”. El golpe había empezado.

 

CRONOLOGÍA DEL 23-F
18:00Comienza la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso de los Diputados
18:23Un grupo de guardias civiles dirigido por Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados
19:00Milans del Bosch despliega el ejército en Valencia
21:00Formación de un gobierno provisional
23:50Entra Armada en el Congreso de los Diputados
01:14Emisión del mensaje televisivo del Rey Juan Carlos
05:45Milans del Bosch anula el estado de excepción
10:00Salen las diputadas del Congreso y Tejero negocia el «pacto del capó»
12:00Salen los diputados del Congreso

 

Fuente: elaboración propia

En ese momento, la confusión se apoderó de la sala; los diputados se tiraron al suelo mientras se preguntaban qué estaba ocurriendo.

Sin embargo, Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno y teniente general del Ejército de Tierra, se levantó y se dirigió hacia Tejero ordenándole que se pusiera firme.

Mellado no fue el único que mantuvo la compostura y se quedó de pie, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo tampoco se doblegaron ante las amenazas de Tejero.

Después de un forcejeo entre Mellado y diferentes guardias civiles, el teniente coronel efectuó un disparo al aire seguido de ráfagas de subfusiles.

En ese preciso instante fue cuando se empezó a tomar en serio a los asaltantes

Mientras esto ocurría en Madrid, en Valencia, punto clave para que otras ciudades siguieran sus pasos, Jaime Milán del Bosch, Capitán General de la III Región Militar, se sublevó. Los efectivos tomaron toda la ciudad, se desplegaron desde el Puerto hasta el centro de Valencia en una operación que recibió el nombre de “Operación Turia”. El estado de excepción se declaró a las siete de la tarde mediante un comunicado que Milans del Bosch pronunció a través de la radio.

Tanques entrando en Valencia | Fuente: El País

A las 19:40 de la tarde, Tejero cogió del brazo al presidente Adolfo Suárez y se lo llevó fuera del hemiciclo. Los dos tuvieron una conversación en la que Adolfo Suárez le exigió a Tejero que le explicara qué estaba ocurriendo; la respuesta de Tejero fue clara y concisa: “Todo por España”. Tras 20 minutos, cinco parlamentarios más fueron separados del resto: el vicepresidente del Gobierno, Gutiérrez Mellado; el líder de la oposición, Felipe González; el número dos del PSOE, Alfonso Guerra; el líder comunista, Santiago Carrillo; y el ministro de Defensa y presidente de la UCD, Agustín Rodríguez Sahagún. En ese momento, el resto de los diputados se temieron lo peor, pensaron que iban a ser fusilados.

A las 21:00 horas, el Ministerio del Interior informó de la formación de un nuevo Gobierno provisional, formado por subsecretarios de todos los ministerios y presidido por Francisco Laina.

Mientras tanto, en el Palacio de la Zarzuela, el Rey no soltaba el teléfono. Se dedicó a llamar a los capitanes generales de las diferentes regiones militares, pero para la gran mayoría de españoles seguía desaparecido, ya que no se había pronunciado en ningún momento. Este intercambio y flujo constante de llamadas hace que la noche del golpe sea conocida como la Noche de los Transistores.

Por otro lado, el general Luis Torres Rojas, del bando de Tejero, se hizo con el control de la División Acorazada de Brunete. Envió tropas de la división a puntos estratégicos de Madrid como la sede de Radio Nacional de España o la sede de Televisión Española. Sin embargo, José Juste, que era el capitán de la División Acorazada Brunete, volvió a tiempo a Madrid y recuperó el mando, tirando por tierra los planes de Torres Rojas.

Alfonso Armada. Fuente: El Mundo

A las 23:50, el militar Alfonso Armada se presentó en el Congreso para proponer su candidatura a presidente del Gobierno y contó con el apoyo de la gran mayoría de partidos políticos.

Armada se lo comunicó a Tejero y este, al ver que entre los apoyos había comunistas y socialistas, no permitió la proclamación de dicho gobierno.

Tejero ni siquiera cedió tras una llamada de Milans.

Tras estos acontecimientos, a la 1:14 de la madrugada del 24 de febrero el Rey dio un comunicado, que fue retransmitido por RTVE, posicionándose en contra de los golpistas y mostrando su apoyo a la Constitución. Por otro lado, en Valencia se retiraron las tropas tras una llamada de Juan Carlos I a Milans y, a las 5:45 de la mañana, se hizo un comunicado en Valencia en el que se anularon las medidas del estado de excepción.

Tejero consiguió aguantar toda la noche y recibió refuerzos, pero la retirada de Milans le dejaba solo. Hacia las 10:00 de la mañana se permitió la salida de las diputadas del Congreso. Media hora más tarde, Tejero negoció con Armada las condiciones de su rendición, entre las que se incluían su salida del hemiciclo sin la presencia de periodistas y que los guardias de rango inferior a teniente no fueran juzgados. Finalmente, a las 12:15 de la mañana se procedió a desalojar el Congreso de los diputados.

Un guardia civil salta por la ventana del Congreso. Fotografía de la Agencia EFE

DOS CINTAS CLAVE EN EL DESENLACE DEL 23-F 

Ane Miren Arrese, nacida en San Sebastián en 1961, estaba estudiando para un examen de Derecho Constitucional que tenía al día siguiente. Recuerda que su madre la llamó desde el salón para que fuera corriendo a escuchar lo que estaban diciendo en la radio, el golpe de Estado acababa de comenzar. “En ese momento sonó el teléfono de casa, era mi novio diciéndome que si la cosa se ponía fea, hiciese la maleta y me pasaría a buscar esa misma noche para cruzar la frontera e irnos Francia”, recuerda Ane Miren; “yo le dije que no se precipitara, que debíamos esperar a ver cómo transcurría la tarde, pero teníamos claro que no queríamos volver a vivir en una dictadura”. Finalmente, el golpe de Estado quedó en una intentona fallida y lo único que cambió en la vida de Ane Miren fue que retrasaron su examen a la siguiente semana.
El resto ya es historia.

Para comprender los acontecimientos del 23-F y el papel que cumplieron los medios aquél día de 1981, es necesario hablar de RTVE, de Prado del Rey y de dos cintas que forman parte de la historia de nuestro país: la primera es la grabación de la entrada de los militares en el Congreso de los Diputados; la segunda, el discurso que el Rey mandó grabar y que acabó emitiéndose a la una de la madrugada.

A las seis de la tarde del veintitrés de febrero de 1981 comenzó en el hemiciclo del Congreso de los Diputados la segunda votación para la investidura de Calvo-Sotelo. Cómo era habitual, en el edificio estaban, no solo los diputados, sino también una serie de periodistas que se dedicaban a cubrir los encuentros parlamentarios. En ese mismo lugar había dispuestas unas cámaras que conectaban directamente con Prado del Rey, la sede del medio público, Radio Televisión Española. Cuando los golpistas irrumpieron en el hemiciclo, una de esas cámaras grabó ininterrumpidamente durante aproximadamente una hora.

“Hubo cámaras a las que les dieron la vuelta, otras las rompieron… fueron bastante violentos. Nosotros conseguimos las imágenes gracias a que los cámaras se la jugaron. Tenemos como una hora de grabación, hasta que arrancaron los cables, y solo desde las perspectivas que pudimos mantener”, comenta el periodista Alfonso Diez.

Este episodio que relata Diez se produjo cuando uno de los guardias, nada más abordar el salón, se dirigió a la zona de las cámaras y las mandó apagar. Sin embargo, Pedro Francisco Martín, que se encontraba a cargo de una de ellas, logró apagar el piloto rojo sin apagar la cámara, de modo que pudo rescatar en torno a una hora de grabación. Mientras tanto, en Prado del Rey se estaba recibiendo una señal continua y se estaba grabando en cinta todo lo que ocurría en el hemiciclo.

Diputados en el Congreso durante el 23-F  | Fotografía de Manuel Hernández de León (EFE)

“Radio Nacional de España estaba saliendo de ser la radio de la dictadura, Franco la había institucionalizado como la radio de los golpistas, la radio franquista”, señala Diez, “entonces, muchos de nosotros estábamos peleando, jugando a la democracia y tratando de colar cosas que creíamos que debían estar allí, pese a llevarnos alguna que otra bronca”. El periodista apunta que en 1981 ya se había avanzado mucho, “pero en el país había todavía muchas adherencias franquistas”. Sería con la llegada de Fernando Castedo, nombrado director general de RTVE en ese mismo año, cuando se abrieron las puertas “para que entrara aire fresco y no hubiera censura”.

Castedo volvía a Prado del Rey tras salir de una reunión con Juan Luis Cebrián cuando supo que un comando de guardias civiles se dirigía a la sede del medio público. Allí se encontraba también Alfonso Díez: “Cuando llegó el capitán que vino a tomar Prado del Rey, tuvimos mucha suerte. En la sede había un cuartel de la Guardia Civil dedicado a proteger RTVE y los militares que estaban allí fueron absolutamente leales a la casa; llamaron a Fernando Castedo para avisarle de la llegada de un furgón y preguntaron si debían repeler a los militares. Sin embargo, se les pidió que les recibieran y aguantasen el tirón.”

Mientras tanto, el director de RTVE llevó a cabo un movimiento que supuso la salvación de la grabación del golpe, que forma hoy parte del imaginario colectivo de nuestro país. “Fernando hizo una operación milagrosa”, recalca Diez, “teníamos solo una cinta con las grabaciones del Congreso y Fernando reventó su sillón por la parte de abajo, metió la cinta y se sentó encima. Después el propio capitán que vino a pedir que le diésemos toda la información que tuviéramos se sentó encima de la cinta”.

Los militares llegaron a Prado del Rey en busca de la cinta del Congreso de los Diputados y con la intención de que se cortasen las emisiones y se pusiese música militar, pero no lograron encontrar el material y terminaron marchándose.

Previamente, la Zarzuela había enviado un mensaje diciendo que el Rey quería hacer una declaración. Desde RTVE se mandaron dos equipos, liderados por Jesús Picatoste y Pedro Erquicia. En la residencia del Rey se prepararon los focos, la escena, el discurso y se grabaron las declaraciones.

Los periodistas volvieron a Prado del Rey, y a la 1:14 de la madrugada del día 24, mientras los diputados permanecían atrapados en el congreso y España entera estaba pendiente del desenlace del golpe, se emitió el discurso del Rey Juan Carlos I que, como máximo cargo del Ejército, se mostró en contra del intento de Tejero.

Discurso de Juan Carlos I emitido por RTVE

En ese momento, la cinta con las imágenes de la primera hora del golpe de Estado seguía aún sin emitirse. Sin embargo, una gran parte de la sociedad tiene una versión distinta debido a que los años han distorsionado sus recuerdos; Alfonso Diez se muestra asombrado ante este hecho: “Si tú le preguntas a cualquier persona cómo vivió ese día, te dirán ‘eran las seis y pico y vi las imágenes del tío con bigote entrando…’, pero nadie vio aquello en directo, la memoria se adapta a lo que uno quiere”. Esas imágenes se vieron al día siguiente y, además, “de una forma frustrada inicialmente”, señala el periodista.
La emisión de la cinta del Hemiciclo se llevó a cabo el día 24, cuando Fernando Castedo, tras saber que Tejero no había tenido más remedio que deponer su actitud, dio órdenes de que se diesen esas imágenes. En ese momento, apareció Matías Prats en televisión diciendo que iban a ofrecer las imágenes de la entrada de los guardias civiles pero, de pronto, reculó: “no podrían ofrecerlas todavía, debían esperar hasta que el último diputado estuviese fuera del Congreso”, explica Díez. Y así fue, la famosa grabación sólo pudo verse una vez el golpe ya había concluido.

¿ Y SI EL 23-F OCURRIERA HOY?

María Jesús Sastre, nacida en Barcelona en el año 1968, tenía 12 años cuando se produjo el golpe. La escasa edad no le permite recordar muchas cosas y solo le viene a la memoria la inocencia con la que interpretó lo que estaba sucediendo al principio, inocencia que rápidamente se transformó en miedo. Su abuela sabía muy bien lo que podía suceder, ya que había presenciado en primera persona las consecuencias de la Guerra Civil y la posterior dictadura. “Mi abuela estaba muy asustada. Ella había vivido la guerra y lo primero que pensó fue que el golpe iba a desencadenar otra”, recuerda Sastre. Lo peor para su abuela, además, no era la propia sublevación en sí “estaba preocupada porque una de sus hijas estaba de viaje y pensaba que no podría volver”.

La cobertura mediática del 23-F, de haberse dado el suceso en la actualidad, habría sido totalmente distinta a la que fue.
Por un lado, la escasez de medios -tanto a nivel televisivo como a nivel radiofónico- de la década de los ochenta contrasta con la abundancia actual. A la cantidad de cadenas televisivas con las que contamos a día de hoy hay que sumarle una gran variedad de emisoras de radio y un amplio abanico de nuevas posibilidades para los periódicos en el mundo digital.

Otra gran diferencia es que los propios diputados y demás presentes en la Cámara habrían podido aportar su grano de arena a través de, principalmente, sus dispositivos móviles: grabaciones de imagen y de voz, uso de redes sociales para retransmitir en directo lo que estaba sucediendo… En esta línea, Alfonso Díez comenta irónicamente que, hoy en día, “todos los diputados se habrían puesto a twittear” y los militares “no hubiesen podido censurar ninguna información”. Es cierto que, de tratarse de un golpe militar bien organizado, “con grandes expertos en telecomunicaciones que pudieran cortar toda la red”, la historia sería diferente, pero el 23-F, en la práctica, fue un golpe militar de una parte muy pequeña, prácticamente residual, del ejército por lo que se puede deducir que, a día de hoy, tampoco hubiesen podido aislar toda la red nacional.

Si el golpe de Estado ocurriera en la actualidad, el país entero conocería al instante lo que estuviera sucediendo: todas las cadenas emitirían especiales televisivos en directo, las emisoras de radio informativas de prestigio nacional también desplazarían unidades móviles a las inmediaciones del Congreso para ofrecer información actualizada… Los periódicos, por su parte, gracias a su versión digital, ya no quedarían relegados a un segundo plano y podrían cubrir los hechos en directo, ofreciendo información en formato multimedia. Así pues, el periodismo tendría un papel fundamental en la cobertura y la exposición de los hechos.

Portada de El País tras el golpe de estado del 23-F

El mundo globalizado actual, con internet como principal protagonista, no permitiría que se extendiera la incertidumbre en la sociedad y dificultaría la acción de los golpistas. En cuestión de segundos, los diputados o cualquier persona presente en la Cámara podría avisar a alguno de sus contactos y las víctimas directas del golpe serían las encargadas de informar al país sobre la situación. Esto, además, sería conocido por todos los países del mundo, que podrían ser de ayuda -sobre todo los tradicionales aliados de España- tanto a nivel político como militar.

Más allá de los medios mencionados, todos los ciudadanos de Madrid podrían desplazarse a las afueras del Congreso o alrededores para poder captar imágenes con sus dispositivos móviles. Como ya se ha mencionado, los presentes en el Congreso avisarían seguro a través de las redes sociales de lo sucedido. Millones de ciudadanos podrían en pocos segundos empezar a compartir estos tweets, empezar a emitir sus propias imágenes a través del streaming… La red se llenaría en cuestión de minutos de contenido que acorralaría a los autores del golpe.

Esto, no obstante, conlleva un peligro que en el 23-F no se daba en la magnitud que se daría a día de hoy. La red podría llenarse también de fake news. Los bulos no son nuevos. Seguramente en el 23-F los hubo en cantidad. Pero hoy se expanden a toda velocidad. Gracias a internet en cuestión de minutos informaciones falsas y manipuladas llegan a la gente por varios soportes. Cualquier suceso de mínima relevancia es víctima de manipulación intencionada. Es evidente, pues, que un hecho de tanta importancia también habría habría sido objeto de mentiras. La ya mencionada facilidad con la que se propagan podría haber significado una aún mayor situación de alarma en la sociedad. Es el riesgo al que se exponen los ciudadanos con las redes sociales, donde cualquier aspecto aparentemente irrelevante o directamente falso puede influir en la opinión pública.

Es evidente que la comunicación entre periodistas durante el 23-F fue pionera y es aún, a día de hoy, uno de los ejemplos de cómo realizar el periodismo en situaciones límite. No obstante, hubo grandes tramos en los que la incertidumbre y el nerviosismo reinaron en el ambiente. La facilidad que existe en la actualidad para comunicarse permitiría a los periodistas evitar la censura impuesta por los golpistas y elaborar informaciones con rapidez y más claridad. Además, gracias a una mayor y más diversa cobertura, se conocerían todo tipo de detalles que en 1981 no pudieron emitirse dados los escasos recursos con los que contaban: el sonido ambiente, imágenes que captaran reacciones y la tensión del momento, las palabras de los golpistas…

Ya en el 23-F RTVE consiguió colar un micrófono que permitió conocer muchos detalles tal y como asegura Diez: “Nosotros tuvimos información de lo que pasaba dentro del hemiciclo porque Radio Nacional logró colocar un micrófono que estuvo grabando todo lo que sucedió allí. No se publicaban porque habrían montado la de Dios es Cristo”. Actualmente muchos de estos audios no se habrían podido ocultar y circularían por la red, quién sabe si poniendo en peligro a los secuestrados. ¿Cómo reaccionaría el pueblo a esta cobertura? Lo que es seguro es que se romperían récords de audiencia y el tráfico de archivos en internet sería de niveles hasta ahora inimaginables.

LAS PREGUNTAS QUE SIGUEN SIN RESPUESTA

Juan Manuel García Rúa, nacido en Móstoles, se encontraba en la ciudad gallega de Ferrol cuando estalló el Golpe de Estado. Al preguntarle por el 23-F empezó a narrar que se encontraba en la carretera, la cual estaba desierta, escuchaba la radio cuando dieron la noticia. Llegó al aeropuerto de Santiago para recoger a su mujer que venía de la capital. El aeropuerto parecía un desierto y pensó que el vuelo se había suspendido. A la hora correspondiente llegó el avión y regresaron a Ferrol. En el trayecto no vieron coches, en las calles no había gente, incluso vieron gente corriendo al mercado para comprar comida pensando en lo peor. Ferrol ese día fue una ciudad fantasma..

El 23-F, pese a haber ocurrido hace ya 39 años, sigue y seguirá formando parte del imaginario de cualquier español. Dentro de la historia reciente o más contemporánea española es un hecho destacable debido al momento, los protagonistas y simbolismo del acto.

El contexto ya ha sido destacado, pero no deja de ser mencionable debido a la tensión política que se respiraba entre los inmovilistas, que deseaban mantener el orden establecido por Franco, y los movilistas que querían avanzar y “olvidar” el pasado. Un ejército dividido, después de haber sido uno durante décadas, crea inestabilidad nacional e incertidumbre. Y es entonces cuando aparece Tejero, arropado por 200 militares, y amenaza secuestrando a los diputados de la Cámara a golpe de pistola. ¿El objetivo? Sigue sin ser claro, algunos opinan que quería aprovechar el vacío del gobierno antes de que nombrasen a Calvo-Sotelo presidente para crear un gobierno de la salvación nacional, otros, en cambio, que podría querer acabar con el estado constitucional realizando un golpe militar bajo las órdenes de Milans del Bosch. Sea como fuere, el golpe no duró más de 20 horas, pero como todos sabemos, para los presentes y testigos supuso mucho más que eso.

Con los testimonios recogidos, podemos confirmar que la angustia era una de las emociones más populares. La paz acordada que existía, aún áspera por su creación forzosa, peligraba y eran muchos los que incluso prepararon todo para marchar del país ante el temor de otra dictadura.

¿Qué significa vivir un golpe de Estado? Puede que este hecho en ocasiones peque de haberse convertido, por obra de la sociedad y algunos historiadores, más en un mito que en un acontecimiento. Algo muy lejano para las generaciones más jóvenes, pero aún palpitante en la memoria de muchos. Habiendo analizado y recogido datos que la mayoría de la gente desconoce, hemos podido llegar a diferentes conclusiones que vamos a mencionar a a continuación.

Antonio Tejero durante el 23-F | Fotografía de la Agencia EFE

Confirmamos que el golpe de Estado fue orquestado por el ejército. No hablamos de 200 o 400 militares sino de secciones nacionales enteras como la Segunda Región Militar (Sevilla), la Tercera (Valencia), la Cuarta (Barcelona) y la Quinta (Zaragoza), que apoyaban el nombramiento de Jaime Milans del Bosch como presidente del Gobierno y, por ende, el golpe militar que le facilitaría serlo. Además el ejército no estaba solo, contaba con el apoyo de diferentes personas, grupos políticos, instituciones y medios de comunicación porque, como ya hemos comentado, la sociedad española se encontraba aún dividida. Estos medios, personas, grupos políticos e instituciones ayudaron a crear un clima de tensión con conversaciones, reuniones y charlas informales en las que ya se hablaba de un golpe de timón o efecto. Igualmente, los medios con editoriales, columnas o noticias en las que se hablaba de un posible gobierno de unidad, o gobierno de concentración presidido por un militar de renombre. Todo ello altera, influye y forma la opinión pública de una parte de la sociedad de la época.

Por otra parte también hemos observado que los creadores de este clima anterior al golpe eran en gran parte los medios ultraconservadores de la época. Medios como El Alcázar, El Imparcial, Heraldo Español, Fuerza Nueva o Reconquista que publicaron piezas periodísticas en las que se dejaban entrever las corrientes conspiratorias y golpistas que en esos meses recorrían el país.

Llegando a una conclusión más genérica del hecho histórico en sí sabemos que lo único que finalmente logró el golpe fue reafirmar dos figuras: la del Rey ante la sociedad como alto mando del ejército y del país, y la de la democracia como un sistema estable y con futuro en España.

Volviendo el tema principal de esta investigación, debemos destacar otras hazañas de la época realizadas por los medios. Para empezar, la seguridad de los rehenes (diputados, periodistas y empleados del Congreso) era primordial. Ninguna imagen fue publicada hasta que los medios recibieron la confirmación de que nadie corría peligro. Los medios actuaron con cautela y respeto. En aquel momento RTVE contaba con el monopolio mediático y había sido institucionalizada por Franco. En el año 81, aunque el país estuviera en una época de transición democrática, aún estaba muy verde. Al ser el único medio público y el más poderoso, controlaba todo lo que filtrar a la audiencia y aún a día existen conspiraciones de que sólo se mostró aquello que interesaba mostrar.

Esto da lugar a otra pregunta: ¿fue la cobertura manipulada? Hablamos de un discurso mandado por el Rey a la redacción que anima entonces a los medios a posicionarse. La responsabilidad de quienes presenciaron aquel día era enorme y necesitaban trabajar con discreción, paciencia y meticulosidad a la hora de informar. Cualquier palabra antes de tiempo o paso en falso podía acarrear consecuencias desconocidas de gran riesgo. Pero los medios esperaron, eligieron las palabras con cuidado y actuaron con el ejemplo.

Un reportaje de:

Alejandro López de Asiaín García

Alejandro López de Asiaín García

Pedro Martínez de Albornoz Arias

Pedro Martínez de Albornoz Arias

Marta Merino Asumendi

Marta Merino Asumendi

Gabriel Martínez Sastre

Gabriel Martínez Sastre

Érika Zurbano Arrese

Érika Zurbano Arrese